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EL TAURINO ANARQUISTA

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EL TAURINO ANARQUISTA

orren tiempos convulsos para la Fiesta. Desde luego que son muy preocupantes las actitudes de los animalistas, que no descansan en su afán de acabar con el toreo. Y por supuesto que también lo son las formas políticas que ha tomado casi toda la izquierda (y el independentismo, sea de derechas o sea radical), que han hecho del toreo el objetivo de sus ataques, buscando siempre el máximo rédito electoral e ideológico. Nada me sorprende de los animalistas que están a sueldo, real o simbólico, de las grandes multinacionales de las mascotas, ni tampoco de los políticos actuales, tan indignos en su mayoría; pero sí me sorprende, y además mucho, que numerosos intelectuales (y aquí cabe de todo: escritores, periodistas, cineastas...) a los que se les presupone una notable integridad moral y ética en lo relativo a sus saberes, se dejen también contaminar por la ola antitaurina que nos invade. Me estoy refiriendo, naturalmente, a la tergiversada lectura que se ofrece del pensamiento y la afición taurina de Goya en las audioguías de la actual exposición que sobre sus dibujos se muestra en el Museo del Prado (tema del que ya hablé en abril de 2016 con motivo de la exposición “Capital Animal”, acogida por la Calcografía Nacional de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de Madrid); también me estoy refiriendo a la visión antitaurina que se ofreció del ex torero anarquista Melchor Rodríguez, llamado El ángel rojo, por sus desvelos en evitar en lo posible, incluso poniendo su vida en riesgo, los fusilamientos en la ciudad de Madrid durante la Segunda República (tema del que escribí en septiembre de 2016)… y así muchos más casos de clamorosa tergiversación de la historia y la memoria histórica: la del poeta Miguel Hernández en su aniversario y el ocultamiento de la taurofilia de Enrique Tierno Galván, que escribió de toros y no sólo salvó sino que dio un fantástico impulso a la Escuela Taurina de Madrid desde su puesto de alcalde de esta ciudad. Y hay otro caso más, no por desconocido menos flagrante que el de Goya, y desde luego que Cmucho más importante que todos los demás: el del periodista y escritor anarcosindicalista Eduardo de Guzmán, pieza clave en la revista El Ruedo entre los años 1971 y 1975. Es interesante conocer, aunque sea de manera breve, su biografía, porque a partir del desarrollo de su vida, se comprenden y valoran mejor el lugar que ocupa en el periodismo y la literatura española del siglo XX. Nacido en Villada (Palencia) el 19 de junio de 1908, durante la Segunda República trabajó en el diario anarquista madrileño La Tierra, y luego en los periódicos La Libertad y Frente Libertario, de idéntica ideología. Durante la Guerra Civil dirigió el diario cenetista Castilla Libre; al acabar la contienda fue apresado en el puerto de Alicante y, tras pasar por varios campos de concentración, fue encarcelado en la prisión de Yeserías de Madrid, sometido a consejo de guerra sumarísimo en el que también figuraba Miguel Hernández y condenado a muerte. En 1941 le fue conmutada la pena y en 1943 salió en libertad provisional, quedando inhabilitado a perpetuidad para ejercer la profesión periodística. A partir de ese momento, Eduardo de Guzmán se ganó la vida realizando traducciones y escribiendo breves novelas de quiosco de temática policiaca y del Oeste, para las que utilizó numerosos seudónimos, tales como Edward Goodman o Eddy Thorny, entre otros muchos. Tras publicar tres artículos en la revista Índice en 1969 y 1970, para el periodismo taurino le rescató del ostracismo en enero de 1971 Carlos Briones, director entonces de El Ruedo. A comienzo de los años 70 mucho habían cambiado ya las cosas en España, pues De Guzmán no sólo pudo volver a trabajar como periodista, sino que le fue posible utilizar su nombre de pila. Y no lo ocultó ni camufló, tal y como se había visto obligado a hacer con las novelas alimenticias de aventuras. El periodismo taurino fue en aquella época su casi única fuente de ingresos económicos, y Eduardo de Guzmán nunca se avergonzó de escribir, y además muy bien, de toros. Entre 1971 y 1975 firmó al menos 120 trabajos, siempre de peso: se ocupó de la historia, de la divulgación, del análisis… además de varias crónicas y alguna entrevista. Y de un coleccionable en doce capítulos titulado “Los toros en el siglo XX”. Todos sus textos estaban admirablemente escritos y mostraban un profundo conocimiento de la Tauromaquia, de su historia y de su presente. Cuando en 1975 la revista cambió de propiedad, Briones y De Guzmán salieron de la publicación, retomando Eduardo con los nuevos aires sociales e históricos su actividad política y literaria. Aparecieron varias novelas, libros de memorias y trabajos políticos de diversa índole. Llegados a este punto, la pregunta es evidente: si el trabajo como periodista taurino fue tan importante en la vida de Eduardo de Guzmán, tanto en lo laboral como en lo económico, ¿por qué sus biógrafos actuales ocultan esta faceta tan definitiva? No hablan de ello en los textos que circulan por Internet los periodistas Manuel Blanco Chivite (que además es editor de su obra) ni Eduardo Haro Tecglen, en el sentido obituario que escribió en El País en 1991. Y no habla Chema Menéndez en la entrevista que, con motivo del documental El literato anarquista (2018), concedió sobre la historia y la figura de Eduardo de Guzmán. No he tenido ocasión de ver el documental (sólo la entrevista y los trailers), y, aunque no puedo opinar, me temo lo peor. Por fortuna, sí habla de su faceta taurina en El Ruedo y de su afición a la Fiesta Noelia León Rubio en su Tesis Doctoral titulada Eduardo de Guzmán (1908-1991): vida y literatura, defendida en 2015 en la Universidad de La Rioja. A diferencia de las otras personas que se han ocupado del periodista y escritor palentino, Noelia León se acercó al personaje sin complejos ideológicos, y por eso ha sido honesta con la historia periodística y leal con la vida taurina de Eduardo de Guzmán. Seguir leyendo

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